Morrison se encontraba recostado en su mecedora apreciando la caída de las hojas de los frondosos guayacanes. Era otoño y el vecindario lucia desierto en la puesta del sol, no transitaba ni un solo vehículo por las calles repletas de hojas, de momento suena el timbre de la modesta residencia de Morrison, es el mensajero del correo que trae una carta para él de parte de Rossy Castillo. El sobre de la carta era morado con vuelos dorados y dibujos de las constelaciones de Virgo, Leo y Escorpión, en el centro se podía destacar la estrella de Marte o más bien Polar.
Morrison inquieto y un poco ansioso toma un corta pluma de los años 40 alemana que había heredado de su padre el Sargento Morrison con dos hojas de 38mm y un sacacorchos marca Cachas de Nacas, lo clava en el sobre y procede a abrirlo, en su interior encuentra una carta:
“Querido Morrison, he vuelto al frio me siento muy sola y extraño estar contigo, sentir tus viriles manos acariciando mis pechos, mi cintura, mis caderas hasta llevarlas a ese rincon que solo tu sabes encontrar, me arrepiento cada día que pasa de haberme ido a vivir esta vida pagana, a este lugar tan lejos, mi piel oscura tiene buen precio en este sitio de personas desteñidas, hombres fríos y sin sentimientos que solo buscan placer.
Por la diferencia de idiomas se me hace más difícil la comunicación pero a ellos me entrego, subo por las escaleras adornadas de un tapiz rojo y cada segundo se hace eterno, en ocasiones somos 3 o más personas, al llegar a la habitación cual vaca al matadero, y tratando de siempre estar ebria para no pensar en las próximas horas que han de venir y todo por un par de monedas, que al final no alcanzan para nada. Pero sin embargo espero regresar a ese lugar de donde partí, volver con un poco de dignidad y encontrarme con tus ojos café y tus labios carnosos diciéndome “ámame otra vez”.”
Aurora Viñas